
A menudo, cuando pensamos en Santo Tomás de Aquino, nos viene a la mente la imagen de un monje medieval rodeado de libros gruesos, escribiendo tratados complejos que parecen reservados solo para filósofos y teólogos. Sin embargo, el legado del buey mudo va mucho más allá de las aulas universitarias.
Para nosotros, que vivimos la fe entre pañales, tareas escolares, trabajos y cenas familiares, Santo Tomás ofrece una brújula extraordinaria. Su pensamiento no solo busca explicar a Dios, sino enseñarnos a vivir como seres humanos plenamente vivos.
Esta es, quizás, la frase más famosa de Santo Tomás y el pilar fundamental para cualquier familia cristiana.
En el hogar, a veces cometemos el error de pensar que la "vida espiritual" es algo separado de nuestra "vida natural". Creemos que somos santos solo cuando rezamos el Rosario, pero no cuando estamos cocinando o jugando en el parque. Santo Tomás nos corrige: Dios usa nuestra naturaleza humana para santificarnos.
La Suma Teológica es un monumento al orden. Santo Tomás creía que el universo tiene una estructura porque Dios es un Dios de orden.
En una Iglesia Doméstica, el caos suele ser el enemigo de la paz. No hablamos solo de juguetes tirados en el suelo, sino del caos de prioridades. Santo Tomás nos enseña el "Ordo Amoris" (el orden del amor):
Cuando este orden se invierte (por ejemplo, cuando el trabajo ocupa el lugar de la familia), la paz se desvanece. Santo Tomás nos invita a sentarnos en familia y preguntarnos: ¿Está nuestro horario reflejando lo que realmente amamos?
A Santo Tomás se le conoce por su método de "disputa": él siempre presentaba las objeciones del oponente con respeto antes de responder. Tenía una curiosidad infinita.
Nuestros hijos son "tomistas" por naturaleza: no dejan de preguntar "¿Por qué?". En lugar de acallar esas preguntas o dar respuestas vacías, la Iglesia Doméstica debe ser un laboratorio de la verdad.
Pocos saben que Santo Tomás era un psicólogo nato. En su estudio sobre las pasiones, dio consejos prácticos para cuando el desánimo golpea el hogar. Si alguien en la familia está pasando por un mal momento, Tomás sugería:
Santo Tomás escribió los himnos más hermosos a la Eucaristía (como el Pange Lingua). Él entendía que el sacrificio de Cristo es el alimento que sostiene todo esfuerzo humano.
Una familia que se reconoce como Iglesia Doméstica encuentra su fuerza en la mesa del altar. Santo Tomás nos recordaba que este sacramento tiene un efecto "reparador" y "unitivo". Ir a Misa juntos no es un cumplimiento social, es ir a recargar el tanque de amor que luego repartiremos en casa.
Santo Tomás de Aquino nos enseña que la santidad no es un sentimiento difuso, sino un acto de la inteligencia y de la voluntad movido por el amor. En nuestras casas, esto se traduce en decidir amar cuando no tenemos ganas, en estudiar nuestra fe para defenderla y en disfrutar de las cosas buenas de la vida como regalos de un Padre generoso.
Que en cada una de nuestras Iglesias Domésticas resuene siempre su máxima: "Contemplar y dar a los demás lo contemplado". Primero llenemos nuestro corazón de Dios, y luego dejemos que ese amor desborde sobre nuestros hijos y esposos.