
San Marcos, cuya fiesta celebramos el 25 de abril, es el autor del Evangelio más breve y dinámico. Su figura es esencial para la Iglesia Doméstica porque nos enseña que el camino del discipulado está hecho de procesos, caídas y, finalmente, una fidelidad inquebrantable.
Tradicionalmente, se identifica a Marcos con el joven que huyó desnudo del Huerto de los Olivos cuando prendieron a Jesús. También sabemos que tuvo sus roces con San Pablo en los primeros viajes misioneros. Sin embargo, terminó siendo el "hijo" espiritual de San Pedro y el colaborador fiel de Pablo en Roma.
Esto es una gran esperanza para las familias. San Marcos nos dice que no hace falta ser perfectos desde el principio para ser evangelizadores. En la Iglesia Doméstica, a menudo cometemos errores o nos alejamos, pero siempre hay espacio para el regreso y el servicio renovado.
El estilo de Marcos es directo y urgente. Usa constantemente la palabra "enseguida". Su objetivo era que los cristianos de Roma —que sufrían persecución— comprendieran que Jesús es el Hijo de Dios que sufre con nosotros.
En nuestros hogares, San Marcos nos invita a ser cristianos de acción. No basta con hablar de Dios; hay que actuar "enseguida" cuando un miembro de la familia necesita consuelo, cuando un vecino sufre o cuando la justicia nos llama. Su Evangelio es un manual de cómo seguir a un Jesús que siempre está en movimiento, sanando y restaurando.
El símbolo de San Marcos es el león alado, porque su Evangelio comienza con el clamor de Juan el Bautista en el desierto, una voz potente como un rugido.
Llevar a San Marcos a la Iglesia Doméstica significa:
Fidelidad en la Tribulación: Recordar, como hizo Marcos con los primeros mártires, que el camino de la cruz es el que lleva a la resurrección.